Bastet, dulzura maternal, asesina y solar


Bastet es una deidad que se encuentra en el panteón egipcio en la 2ª dinastía. Su nombre significa “la de los Bas”, apelativo de un recipiente de piedra que se usaba para contener aceites funerarios y de uso cosmético, y que figura en el calificativo de su nombre. Podría estar relacionada con la protección del difunto en el Más Allá.
Es el prototipo de dulzura maternal, pero puede transformarse en asesina cuando necesita defender a sus hijos. Ella es la guardiana del hogar y simboliza la fecundidad amorosa y los poderes beneficiosos del sol. Por ello, desde el Reino Antiguo, es la madre del rey, al cual ayuda y protege para alcanzar el cielo. También personifica el ojo de la luna.

Su integración en el mito solar no se produce hasta el año 1000 a.C. Antes de este periodo, la Diosa Gata carecía de connotaciones solares, personalidad que adoptará más tarde cuando se identifique con el agresivo felino. Una vez integrada en el mito solar, se hace de ella la hija de Ra o de Atum, al que protege, eliminando con sus poderosas garras a la serpiente Apofis, según la tradición heliopolitana, y se la vincula directamente a Tefnut. Asimilada a Sejmet, Hathor y Tefnut, entró en el mito de la Diosa Lejana marchando a Nubia, donde, encolerizada, tomó el aspecto de una leona, identificándola con el Ojo de Ra. Esta leyenda aparece registrada por vez primera en los muros de la tumba de Sethy I, pasando a grabarse en muchos de los templos del Periodo Ptolemaico.

Bastet by Alli Sa
Al igual que Sejmet, en honor de Bastet se celebraba en la ciudad de Bubastis una fiesta, llamada “La Fiesta de la Embriaguez”. La fiesta se celebraba para que la diosa, contenta, borracha y halagada no tomara el aspecto de leona y organizara una carnicería entre los humanos. Su culto fue muy importante. En sus templos se criaron gatos que eran su encarnación terrestre; a su muerte los animales eran cuidadosamente momificados, enterrándolos en tumbas específicas para ellos.

Curiosamente, como entidad peligrosa para el difunto, la encontramos en los Textos de las Pirámides, declaración 467.






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